Después de la conclusión de la Primera Guerra Mundial y el surgimiento de Checoslovaquia, la producción agrícola e industrial alcanzaba apenas a la mitad del nivel de preguerra, el transporte no funcionaba, la inflación crecía, se sentía la insuficiencia catastrófica de alimentos. Además en el nuevo estado existían diferencias considerables entre las regiones checas económicamente desarrolladas y las relativamente subdesarrolladas Eslovaquia agraria y Rusia Subcarpática.
En la industria checa predominaba la extracción de carbón y la industria de consumo (textil, vidrio, azúcar, cerveza). Sin embargo, esta industria con frecuencia dependía de la importación de materias primas, lo que notablemente complicaba su situación, cuando Europa se encontraba trastornada por la guerra. La crisis posbélica culminó en el año 1919. Gracias a los excelentes economistas checos, entre quienes sobresalía, en particular, el primer ministro checoslovaco de finazas, Alois Rasin, el joven estado logró en un corto tiempo iniciar el crecimiento económico. Ya en el año 1925 Checoslovaquia logró alcanzar el nivel del volumen de producción económica de preguerra y desde el año 1929 atravesó una notable coyuntura favorable. En gran medida se logró salvar el desequilibrio regional de la economía y también la estructura no del todo satisfactoria, que por cierto surgía en condiciones completamente diferentes, como parte de un conjunto estatal mucho mayor y en algunos sectores, literalmente, sobredimensionado (industria del azúcar, vidrio, textil).
Sin embargo, la productividad de trabajo, gracias a la introducción de sistemas modernos de control, crecía. La Empresa Industrial Skoda de Pilsen y Tomas Bata (1876 – 1932), quien en Zlín había fundado, para su época, una fábrica moderna excepcional para la producción de calzados, eran los precursores en este sector. Bata, zapatero proveniente de una familia pobre, gracias a su esfuerzo se convirtió en empresario de formato europeo y luego también mundial, en su ciudad natal edificó una empresa de excelente funcionamiento y elevó, hasta la entonces pequeña ciudad y sin importancia de Moravia, a la categoría de metrópoli del calzado. Para sus trabajadores edificó barrios residenciales completos incluido toda la infraestructura correspondiente y Zlín se convirtió en la época de entreguerras, en una de las ciudades más modernas no sólo en Checoslovaquia. Luego, Bata extendió su imperio del calzado, primeramente en Eslovaquia, en Partizánské, más tarde fundó filiales en el extranjero, inclusive hasta en India. Su nieto Thomas George Bata, hoy, continúa en sus huellas y se encuentra al frente de una de las mayores marcas mundiales de producción y venta de calzados con filiales en todo el mundo.
Checoslovaquia continuaba en su modernización y a finales de los treinta, toda la industria se encontraba completamente electrificada y un 80 % de los hogares contaba con ella. Checoslovaquia se perfilaba entre los estados más desarrollados de su época y el monto de la renta per cápita sobrepasó no sólo al de Austria y al de Hungría sino también, por ej. al de Italia, y esto a pesar de que la parte oriental de la república (Eslovaquia, Rusia Subcarpática) se la pudo industrializar sólo en forma gradual. La industria checa, en muchos sectores, alcanzaba sin exagerar niveles mundiales. Fama mundial obtuvo principalmente en la producción de aviones, automóviles, armamentos y también aceros refinados, es decir, productos tecnológicamente exigentes en especial (por ej., Aero, Skoda, Tatra, Poldi y otros).
En el año 1929, como resultado de la quiebra, de la Bolsa de Nueva York, en el llamado “viernes negro”, el mundo fue afectado por una crisis económica, que hasta cierto punto y con retraso alcanzó también a Checoslovaquia. Principalmente fue afectada la industria de consumo orientada a la exportación. La exportación descendió a una tercera parte del estado anterior a la crisis, la producción industrial bajó aproximadamente al 60 % del nivel en el año 1929. La desocupación creció impetuosamente. El mayor nivel alcanzó en marzo de 1933, cuando oficialmente se registraron 978.000 desocupados, esto es aprox. 17,5 %.
Varios gobiernos de amplia coalición dirigidos por los agraristas trataron de compensar las consecuencias de la crisis, principalmente con intervenciones intensas del estado, pero no con mucho éxito. Subieron los aranceles agrarios, se regularon las exportaciones e importaciones, se intervinieron en las relaciones de crédito, se introdujo el monopolio de cereales y para la moderación de las condiciones sociales de agobio, se introdujeron subsidios aumentados de desocupación, bonos de alimentación de socorro y trabajos públicos. Pero, en el fondo se trataba solamente de “remiendos” a las peores manifestaciones de la crisis. Se aplicaron muy pocas medidas que estuviesen orientadas al núcleo de la crisis. En el año 1933 incluso se aprobó una ley sobre poderes extraordinarios que al gobierno le facultaban poderes excepcionales para la ejecución de medidas, sin que sean aprobados por el parlamento. Esto por cierto condujo a ciertos temores por los rasgos de tendencia totalitaria, pero, a diferencia de Alemania hitlerista, estas medidas se referían exclusivamente a la esfera económica e intervenía en los derechos civiles solamente en los casos más necesarios, principalmente con la finalidad de amortiguamiento de las explosiones sociales de insatisfacción.
A finales de los años treinta, cuando los efectos de la crisis económica iban desapareciendo, la República comenzaba lentamente a recuperarse económicamente, pero entonces llegó un golpe mucho mayor. En base del acuerdo de Múnich, en septiembre de 1938, Checoslovaquia se vió obligada a ceder la zona fronteriza habitada por la población alemana de Alemania. La Segunda Guerra Mundial se encontraba detrás de la puerta.
La República Checa y el Protectorado de Bohemia y Moravia
Después de la conclusión de la primera guerra mundial y el surgimiento de Checoslovaquia, el nuevo estado tuvo que solucionar muchos problemas. La segunda guerra mundial, en su vida económica tuvo una repercusión no menos devastadora.
En marzo de 1939, el resto de los países checos fueron ocupados (después del desmembramiento de los Sudetes) por el ejército alemán y se creó el Protectorado de Bohemia y Moravia. En Eslovaquia surgió formalmente un estado independiente bajo la égida de un clero fascistoide, que en realidad era un satélite alemán.
La actividad económica en el Protectorado estaba paralizada. El desmembramiento de Eslovaquia y, en particular, el de los Sudetes, causaron inesperados problemas económicos. En la región fronteriza con Alemania estaban concentradas muchas empresas industriales importantes y el interior, súbitamente, no se podía autoabastecer.
Un factor imprescindible fue también la arización (expropiación) de todos los bienes pertenecientes a los judíos. En la Checoslovaquia de preguerra, la étnia judía jugó un papel insustituible. En el territorio de Checoslovaquía vivían, según algunas estimaciones, hasta varios cientos de miles de judíos, parcialmente asimilados, que jugaban un papel importante no sólo en el sector de la cultura y la ciencia, sino que también participaban en la vida económica de la República.
Las empresas industriales importantes estaban supeditados a una administración protectorial y los propietarios reales fueron desplazados fuera de cualquier decisión, si acaso no hubieran sido enviados directamente a los campos de concentración.