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José García, el animador mexicano al que inspiró la cinematografía checa

 
photo:  (radio.cz)
 

La vida del animador mexicano José García Moreno ha dado muchas vueltas. En la Europa del otro lado del muro adquirió las bases de la animación que luego le permitieron evolucionar y desarrollar una exitosa carrera en Estados Unidos y México.

 

La historia de José García Moreno comienza en la Ciudad de México, donde nació en 1961. Durante su infancia, el cine de animación predominante en su vida fue obviamente todo el que procedía de Estados Unidos.

Pero llegado a la adolescencia hizo un descubrimiento que marcaría el futuro de su vida personal y profesional, la animación procedente de la por aquel entonces Europa comunista, al otro lado del telón de acero.

El propio García Moreno explicó en una entrevista concedida a Radio Praga algunos detalles sobre cómo surgió esta influencia y cómo se desarrolló su carrera.

“Mi interés empezó en la Ciudad de México porque mi hermana coordinaba la colección de cine del Instituto Nacional de Bellas Artes, ella coordinaba todas esas proyecciones de cine poco visto en esa época. Y trajo una colección de animación centroeuropea, sobre todo checa y polaca, y unas cosas rusas”.

Con estas proyecciones descubrió que existía una forma diferente de hacer animación, y quedó maravillado por el sentido tan cuidado y artístico que transmitían estas obras, ya que hasta aquel momento su modelo había sido la animación estadounidense.

“Había la expectativa de que la animación es de esta manera y con esta temática, y me di cuenta de que había toda esta otra posibilidad de lenguaje animado que no se limitaba a la caricatura, sino que había una consideración más artística. Entonces, me impactó mucho sobre todo la animación checa”.

A pesar de este gran interés, y de que García Moreno realizaba sus propios dibujos y tenía algunas ideas interesantes en mente, sus comienzos profesionales fueron en la radio. Allí, un compañero, conocedor de su interés por estos temas, le dijo que existía una beca para ir a la República Checoslovaca a estudiar cine.

“Años después trabajaba para la radio. Estaba coordinando un proyecto de radio pública cerca de la Ciudad de México y un locutor me dijo: hay la posibilidad de ir a estudiar animación a Praga. Era un programa de intercambio entre los dos países a nivel institucional, no a través de partidos políticos. Era una beca para venir a estudiar a FAMU y a cambio de eso un estudiante checo iba a México a estudiar. Entonces obtuve la beca y vine en 1986 a Praga”.

Así fue como comenzó su aprendizaje en FAMU, la Facultad de Cine de Praga, donde por aquel entonces era decano Miloš Pokorný. La beca estaba pensada principalmente para el cine con actores de carne y hueso, es por ello que intentó acercarse a la comunidad de animación checa, prosigue García Moreno.

“La beca era en FAMU y era para cine, pero estaba más orientada a la acción viva y al documental, y mi interés era la animación. Entonces yo traía unas carpetas de dibujos y le pregunté al decano Pokorný si existía la posibilidad de que de alguna manera yo pudiese tener contacto con la comunidad de animación en Praga, y él envió mis portafolios a Barrandov, a Krátký Film, y en específico a los estudios Bratři v triku, y la respuesta fue favorable”.

Su colaboración y aprendizaje en estos míticos estudios fueron vitales para su formación. La forma de producir animación en la República Checa sentó las bases del conocimiento sobre animación de García Moreno, quien tuvo en Praga sus primeros contactos con la realidad de cómo funcionaba esta industria. De aquella época guarda muy buenos recuerdos.

“Yo estoy eternamente agradecido con la comunidad de animación checa, ellos fueron quienes produjeron mi primer cortometraje profesional, que se llama Abrimos los domingos, que se produjo en Bratři v triku. Con ayuda de técnicos y artistas checos fue que tuve la posibilidad de hacerlo. Estuvimos filmando con unas cámaras que tenían en Bratři v triku, que eran unas cámaras tradicionales de 35 milímetros rusas”.

Cuando hablamos sobre los aspectos que más llamaron su atención sobre la animación checa, destaca algunos elementos en los que él veía una clara diferenciación respecto a lo que había observado en la de Estados Unidos.

“Hay como varios aspectos de la animación checa. Uno es este para la cultura infantil. Que es muy diferente, yo diría, de la animación infantil en Estados Unidos. Siento que la animación checa es un gran contribuyente de la identidad de este país. Hay una gran conexión con la tradición folclórica. Y por otro lado, está todo el cine de experimentación artístico, sobre todo a través del títere”.

Además, señala que la cinematografía checa en general tiene un humor negro muy sarcástico que le recuerda al humor mexicano. En su opinión, es interesante que los personajes de la cultura checa que se convierten en universales reflejen, lejos de toda épica, la cotidianeidad de la lucha diaria con una alta dosis de humor negro. Luchas cotidianas que en el fondo expresan algo profundo sobre la naturaleza humana, como indica.

“Yo estoy casado con una checa, y siempre hemos pensado que el humor checo y el humor mexicano son un poco parecidos, sobre todo el humor negro, sarcástico. Esta cosa sarcástica del humor checo que para mí es delicioso. Entonces siento que hay algo con una gran profundidad sobre la naturaleza humana, sobre todo en las historias checas, pero también con algo que representa la lucha del hombre cotidiano. Todo lo que se vuelve universal checo siento que tiene que ver con el hombre común: las historias de Kafka, el buen soldado Švejk”.

Pero su experiencia en Praga fue solo el comienzo. En el país vivió unos años inolvidables, donde tuvo el privilegio de vivir de cerca un acontecimiento histórico tan importante como la caída del muro de Berlín. No obstante el siguiente salto lo llevaría hasta la escuela de animación más antigua de Estados Unidos, en UCLA.

“Mi primera película, la que produje en Bratři v triku, se estrenó en Karlovy Vary. Y allí había unas gentes de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que vieron ese cortometraje y les gustó mucho, y me ofrecieron una beca para ir a estudiar a UCLA. Digamos que Praga fue mi trampolín para ir a Estados Unidos, entonces fui con una beca del Gobierno de Estados Unidos a hacer una maestría en animación”.

Posteriormente regresó a México y colaboró con el Instituto de Cinematografía, donde realizó algunas películas. Y más tarde recibió una oferta de la Universidad Loyola Marymount en Los Ángeles para coordinar y rediseñar un programa de animación donde él mismo imparte clases en la actualidad.

En estos momentos se encuentra en Europa para dar una serie de conferencias, una de ellas en la Academia de Artes Mediáticas de Colonia, en Alemania, para hablar sobre el objeto surrealista y vincular las vanguardias europeas y la animación.

En este sentido, García Moreno destaca la importancia del artista checo Jan Švankmajer, quien es conocido mundialmente en el mundo de la animación, y quien también sirvió de influencia para el animador mexicano. Es en él en quien basa parte de lo que expone en sus conferencias.

“He cogido justamente a Švankmajer como el gran animador surrealista checo, y yo diría que contemporáneo. Que tiene toda esta concepción sobre la necesidad de tocar el objeto. Para él es un problema en la civilización contemporánea la ausencia del tacto, por ejemplo, en la animación hay una tendencia a las computadoras. Entonces el objeto animado está en una realidad virtual”.

Según nos cuenta, para él es necesario reconducir esta necesidad de tocar las cosas, lo que nos vuelve más humanos. El tacto permite ralentizar las cosas, frente a la necesidad de que el ordenador haga todo rápidamente.

Es por ello que actualmente García Moreno se dedica a la impresión de objetos con impresoras 3D, porque siente que la animación debe volver a ese contacto con el objeto real. Y esto es lo que intenta incorporar con sus alumnos en Estados Unidos.

“Es como extraer de lo virtual y traer de esa realidad que no existe, manifestarlo en el espacio. Imprimir el objeto en 3D y luego empezar a retocarlo, a tocarlo y a transformarlo”.

El animador mexicano nos dice que la República Checa tiene mucho valor para él más allá del terreno profesional, ya que está casado con una checa, con la que tiene una hija. Para ellos, siempre fue importante que su hija aprendiera los idiomas de sus padres, checo y español, y bromea al respecto.

“En la mesa yo hablo en español. Martina, mi esposa, habla en checo. Y Carolina, nuestra hija, contesta en inglés. Es como las Naciones Unidas en una mesa familiar. Para nosotros fue muy importante, porque cuando fuimos a vivir a Los Ángeles, nuestra hija tenía cinco años, y era muy importante que no perdiera la raíz del lenguaje y la tradición de su origen, que es doble”.

García Moreno añade que sigue estando unido de alguna manera a la República Checa, pues su esposa tiene familiares que viven en el país y cada cierto tiempo no pierde la oportunidad de visitar la ciudad donde vivió una época tan fundamental de su vida.

 
 
Autor: Český rozhlas Radio Praha
 
Añadido: 25.04.2019
 
 
 

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