Ya a los cinco años tocaba el violín, a los seis el piano y a los ocho años de edad compuso su primera obra. Después del bachillerato abandonó Praga para buscar trabajo, estudió música y se ganaba la vida como profesor de música. Sin embargo, en Praga no le iba muy bien y por ello decidió aceptar la oferta de trabajar en Gotemburgo en Suecia. Allí pasó cinco años como director de orquesta, pianista y pedagogo. Durante su estancia en Suecia compuso tres poemas sinfónicos, Ricardo III, El campamento de Wallenstein y Hakon Jarl. Entre sus obras importantes pertenece la ópera La novia vendida, que hoy día es considerada la ópera nacional, seguida por Los brandenburgueses en Bohemia, Libuše y Dalibor.
A la edad de 50 años se volvió completamente sordo, pero ni la sordera ni otros numerosos trastornos de salud lo vencieron. Siguió creando y compuso su obra maestra, el ciclo de poemas sinfónicos Mi patria, seguido por las óperas El beso, El secreto y La pared del diablo, el célebre cuarteto de cuerda en mi menor De mi vida, el dúo para violín y piano Desde la patria, ciclos de piano Sueños y Danzas checas, canciones de coro para el coro masculino La dote, Canciones nocturnas y el poema sinfónico El carnaval de Praga, que quedó inacabada.
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