La ciudad fue fundada gracias a un privilegio del rey Juan de Luxembrugo a principios del siglo XIV. Se trataba de un documento que otorgaba a la ciudad el derecho de cobrar los aranceles y peaje. Nový Jičín creció y se fue enriqueciendo gracias a su situación en la ruta de los mercaderes. En el siglo XVI la ciudad se remidió de vasallaje y se convirtió en una ciudad libre. Entonces los edificios de madera fueron sustituidos por casas de piedra (por ejemplo, la imponente casa del Correo Viejo, “Stará pošta”) y el fortín gótico fue remodelado en un palacio renacentista. El palacio de los de Žerotín alberga en actualidad la exposición del Museo de Sombreros. La casa barroca de “U Anděla” de la farmacia es otro de los espléndidos edificios.