A pesar de que el 17 de noviembre se ve en los últimos años relacionado con los acontecimientos del año 1989, en realidad esta fecha significa mucho más en la historia del país. Echemos un vistazo a la historia.

Primer paso, año 1939

La época del protectorado de Bohemia y Moravia es uno de los periodos más negros de la historia checoslovaca. Después de veinte años de gobierno democrático llegó en el 1939 la dictadura nazi. El día 28 de octubre, aniversario de la fundación de la primera República, la gente se echó a la calle para protestar por la situación política. La represión nazi fue durísima. Dos estudiantes murieron en las refriegas callejeras y la situación se calentó produciéndose tumultos y desórdenes en los días siguientes. El 17 de noviembre, el día del entierro de Jan Opletal, que era uno de los estudiantes asesinados, la nación entera manifestó públicamente su oposición a la ocupación alemana. 

A resultas de las disposiciones nazis para controlar la situación, 9 representantes de organizaciones estudiantiles fueron ejecutados y 1200 estudiantes universitarios fueron internados en el campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg y todas las universidades del país se cerraron. El 17 de noviembre había resultado ser mucho más sangriento que la demostración del 28 de octubre, con la que empezaron los tumultos.

Los acontecimientos de ese otoño no fueron completamente ahogados a partir del año 1939 por el fragor de la guerra. No se olvidaron nunca. Ya el segundo aniversario fue recordado en Gran Bretaña, en un encuentro de delegados estudiantiles de 26 países del mundo. En esa reunión fue precisamente donde se proclamó el 17 de noviembre día internacional del estudiante.

Hasta el día de hoy, el 17 de noviembre es un día con un significado internacional especial para el pueblo checo.

Segundo paso, año 1989

La historia de Opletal, así como la importancia internacional de la efemérides, era tan fuerte que los comunistas tuvieron que reconocerla y darle rango de oficialidad, aunque amoldándola a sus propios fines políticos. Se estaba pensando en preparar una gran celebración para el aniversario de los trágicos acontecimientos, cuya organización, originalmente, se iba a confiar a la Unión de Jóvenes Socialistas, en checo conocida también como SSM, compuesta por jóvenes de edades entre 18 y 25 años y dirigida y administrada desde el KSČ -el partido comunista de Checoslovaquia, en el poder. Pero el miedo a que la participación ciudadana fuera insuficiente indujo a los jóvenes socialistas a entregar la organización del acto a la Asociación de estudiantes independientes, ofreciéndose al mismo tiempo a colaborar en el acto de celebración.

La Asociación de estudiantes independientes planeó un recorrido desde Albertov, es decir, desde el mismo lugar de la capital en el que se iniciaron las manifestaciones hacía cincuenta años con motivo del entierro de Jan Opletal. Pero los estudiantes comunistas habían pensado en otro recorrido; no fue fácil ponerse de acuerdo.

Aquel día se dieron cita en la manifestación unas 15.000 personas. No sólo estudiantes pudieron ser vistos en la comitiva, sino también académicos, profesores, testigos vivos de los acontecimientos de 1939 y gente de a pie que pretendía únicamente expresar su desacuerdo con el régimen comunista. 

El castillo de cartas que se desmorona

Desde el año 1988 se podía sentir que cada vez había menos gente que creía en los ideales del socialismo. Las manifestaciones de rotundo desacuerdo se sucedían unas a otras con creciente intensidad, no sólo por parte de los disidentes, sino que la población los secundaba. Desde agosto de 1988, miles de personas se concentraban en el centro de Praga con ocasión de conmemorar fechas que habían sido "prohibidas" por el régimen. La petición conocida como Unas cuantas frases fue recibida con un apoyo sin precedentes entre la población, extendiéndose conspícuamente a partir del 1989.

Todas las manifestaciones eran la misma historia; los manifestantes eran disueltos por las fuerzas de seguridad del estado, y unos cuantos participantes acababan en los calabozos de la policía.

En los países vecinos el ambiente estaba más o menos lo mismo, aunque con resultados un poco mejores. En Hungría, el telón de hierro ya se había desgarrado para marzo. Polonia tuvo sus primeras elecciones libres también en primavera. Letonia, Estonia y Lituania proclamaron su soveranía en julio. No era una excepción la Alemania Oriental, con la caída del muro de Berlín, ni Bulgaria... El castillo de naipes socialista colapsaba desde sus cimientos. Y en esta atmósfera llena de tensión, se programó en la República Checa una manifestación para celebrar el quincuagésimo aniversario del 17 de noviembre.

Pasito a paso

Al final, la manifestación se dirigió al cementerio de Vyšehradský Slavín para visitar la tumba del poeta Karel Hynek Mácha, considerado como un símbolo nacional. Después de hacerlo, miles de estudiantes marcharon hacia la Plaza de san Wenceslao, pero no consiguieron llegar. El camino estaba bloqueado en la Avenida Nacional, (Národní Třída), por cuerpos de la Seguridad Nacional, los cuales atacaron a la multitud con una desacostumbrada dureza.  

Flores y velas

Muchos guardan en la memoria y en la retina la Revolución de Terciopelo gracias a una serie de símbolos; dichos símbolos nacieron en esos días, cuando el régimen totalitario iba a ser sustituido por el democrático, y están en muchas fotografías de por aquel entonces. En los periódicos pueden verse a cientos fotos en las que las multitudes, en calles atestadas, llevan velas y flores. Depositar flores y encender velas hoy es una cosa normal, pero en aquella época y régimen no lo era. No estaban permitidas las expresiones de reconocimiento de líderes o personalidades no comunistas, y además la libertad de reunión de las personas en público estaba cohartada, a menos de tratarse de acciones organizadas por el régimen mismo en beneficio propio. En noviembre de 1989, no había suficientes velas y flores para homenajear a los estudiantes que cayeron en la lucha por la verdad. Los monumentos estaban sembrados de velas y flores que ya entonces parecían preveer un futuro mejor. 




Václav Havel, en esa época futuro presidente y uno de los más importantes oponentes del régimen comunista, podría muy bien hablar acerca de estos símbolos. En enero de 1989, depositar flores en el monumento de san Wenceslao en recordatorio del sacrificio de Jan Palach le costó 9 meses de prisión. (Jan Palach se quemó, el 16 de enero de 1969, en la parte alta de la Plaza de san Wenceslao, como protesta por la ocupación soviética y por la transigencia con que los representantes políticos checoslovacos respondieron a ello.)

V de Victoria

Lo mismo que las flores y las velas está en el recuerdo de quienes tuvieron aquella vivencia el signo que todo el mundo hacía con la mano: la V de victoria. En el portal de un edificio situado en la Avenida Nacional, una placa conmemorativa descubierta en 1990 recuerda los acontecimientos del 17 de noviembre de 1989. Es uno de los puntos de la ciudad en que dichos acontecimientos, con velas y flores, son rememorados cada año en esta fecha.




Llaves que no sirven sólo para abrir

Uno de los símbolos del cambio "suave" que se verificaba sin muertos ni heridos era el del manojo de llaves. La gente las agitaba con la mano en alto y su sonido tintineante llenaba las calles. Las llaves, que en nuestra cultura tienen la connotación de que alquien se va, acompañaban a la consigna "¡Miloš, nos vamos!" Con ello se estaba diciendo directamente al secretario general del KSČM (El partido comunista), Miloš Jakeš, que se fuera. También se coreaba "¡La última campanada!", "¡Despertemos Praga!", o "¡Libertad para navidades!", consignas con las que se llenaba la atmósfera en un clima de calma tensa.

Luego llegó un momento que fue tan importante para la política checa como el 17 de noviembre con el que empezó todo, y aparecieron nuevos símbolos. Esta vez sus protagonistas eran no sólo estudiantes, sino también actores, porque en esos momentos tan graves, los teatros se convirtieron en lugares de debate político ciudadano, en los cuales, en vez de las representaciones programadas, los actores y el público discutían sobre la marcha de los acontecimientos. Aparte de los medios oficiales, representantes de la ideología estatal, apareció un canal de comunicación que los comunistas no podían censurar. 

¿Canción revolucionaria?

La música fue muy importante para la revolución de terciopelo. Y la verdad es que hay muchos aspirantes a la "canción de la revolución", dependiendo del gusto de cada uno, de los recuerdos y de la sensibilidad. ¿Qué canción fue la más "de terciopelo"? Muchos dirían que Una oración para Marta, en la interpretación de la cantante Marta Kubišová, que por mandato del régimen había estado mucho tiempo sin poder cantar en público, con lo que su reaparición supuso una personificación de la idea de libertad.

También tuvo un gran peso la canción Náměšť, en versión de Jaroslav Hutka, que había vuelto de la emigración y el 25 de noviembre ya estaba cantando ante la gente esta canción de hacía 16 años, compuesta para el festival de Náměšti na Hané, que no llegó a celebrarse por prohibición estatal. 

Rojo, azul, blanco

Con una escarapela con los colores de la bandera checa también se demostraba la adhesión a la voluntad popular de que el régimen cambiara. Las cintas con los colores nacionales -rojo, azul y blanco- se agotaron pronto; en las mercerías ya eran inencontrables. Por eso la gente se las hizo en sus casas, precariamente, a veces de papel, pintadas a mano. Las franjas rojas-azules-blancas aparecían en los guantes, en los abrigos, en las cazadoras o en los sombreros.

Suave como el terciopelo

La denominación de "revolución de terciopelo" nació en la prensa extranjera, pero pronto superó las fronteras y empezó a utilizarse en la República Checa también. La verdad es que la forma en que los cambios se llevaban a cabo recordaba a la suavidad del terciopelo. Hoy los historiadores conocen bajo esta rúbrica a los días que se extienden entre el 17 de noviembre y en 29 de diciembre de 1989. 

Havel

El símbolo más claro, de todas formas, es la misma persona de Václav Havel. Escritor, dramaturgo, portavoz de la Carta 77 y líder de la oposición a los comunistas, hasta la actualidad sigue sumarizando el destino de aquellos días. Después de convertirse en político profesional, siguió siendo para los checos tanto como para los observadores internacionales un icono de la revolución. 



Hay una cosa graciosa relacionada con Havel que se ha mantrenido en el recuerdo de la población. Todo el mundo se acuerda de los pantalones cortos que llevaba Václav Havel en esa época. Las perneras llegaban hasta el tobillo, y en el diccionario coloquial a esos pantalones se les llama "havlovky". 

Aunque pueda parecer que el paso del comunismo a la democracia se reduce a unos cuantos iconos, la verdad es muy otra. Detrás de los símbolos se esconden acontecimientos reales que trajeron cambios políticos sustanciales. 

Así pues, a partir del 1989, la República Checa celebra el 17 de noviembre dos acontecimientos. El día internacional de los estudiantes y el día de la lucha por la libertad y la democracia. Sin el primer paso el sengundo no se habría dado nunca.

Sabía usted que...

DESCIFRAMIENTO DE LA ESCRITURA HITITA

A finales del año 1915, el profesor Bedřich Hrozný logró dar con la clave de la escritura cuneiforme y jeroglífica de los hititas. Este pueblo migró a Asia Menor hacia el 2000 a. C. Los hititas son los primeros indoeuropeos de los cuales se conservan documentos históricos.